La incongruencia se hace presente una vez más, pero esta vez toca a los estudiantes del área de la salud. La pregunta que deseo plantear a las autoridades de turno, ya que así es “de turno” porque mañana serán otras, ¿De quién es la responsabilidad la correcta y sólida formación de los profesionales de la salud? ¿Es esto exclusivo de la Universidad a la cual pertenecen? ¿Es del hospital que se utiliza como campo clínico? ¿Es de la Dirección de su Servicio de Salud? ¿Es de los pacientes?, lo cual a través de la Ley de Derechos y Deberes del paciente ha limitado significativamente la práctica de los estudiantes o ¿Finalmente es del Ministerio de Salud? La respuesta parece obvia, es de todos, sin embargo, lo obvio nuevamente está ausente en la vida real.
De una parte, la sociedad y las instituciones responsables de la salud de nuestro país declaran que desean médicos bien formados, sólidos en práctica y conocimiento, con un carácter resolutivo especialmente en atención primaria. Lamentablemente aquello está cada vez más lejos de la realidad existente. Al parecer nadie se ha detenido a pensar de qué forma a través de reglamentos vetustos, fuera de contexto e inviables con la realidad se ha restringido significativamente la actividad práctica y la inmersión plena de los estudiantes en la actividad asistencial diaria.
La incongruencia se hace presente una vez más cuando dichos reglamentos rígidos, que además se aplican en forma inflexible, demuestran falta de comprensión de como se forma un estudiante del área de la salud. Se han olvidado que a diferencia de lo que sucede en otras partes del mundo como Europa o EEUU, una vez que el médico termina sus estudios en nuestro país, de inmediato comenzará a enfrentarse al mundo real con cientos de enfermos que atender con diferentes patologías y con diferentes niveles de complejidad para los cuales debe haber adquirido durante sus estudios una preparación y experiencia mínima.
Pondré de ejemplo la formación de un estudiante de medicina, el cual no solo debe recibir el conocimiento teórico y valórico que le entrega su Universidad sino que debe complementar y desarrollar su actividad práctica, debe trabajar en sala, asistir a visitas médicas, escuchar las reflexiones y discusiones de sus maestros, hacer procedimientos de baja complejidad supervisados, desplazarse por el hospital donde está el conocimiento y el paciente que debe examinar, reconocer patologías frecuentes e infrecuentes, hacer turnos en servicios de urgencia para adquirir el conocimiento, la habilidad y el razonamiento clínico necesario frente a situaciones complejas, y podría seguir enumerando muchas otras necesidades básicas en su formación. Entonces la pregunta es: ¿Cuánto de lo que estoy señalando en esta reflexión es lo que realmente están realizando nuestros estudiantes actualmente? ¿Qué tan lejos está la formación actual de los estudiantes de medicina respecto de la que recibimos hace algunas décadas? ¿Cuáles podrían ser la implicancias médico-legales de este problema?
Desde antes de la pandemia ya se venia observando una significativa restricción en el acceso tanto en número de estudiantes como en el tipo y número de acciones que los estudiantes podían desarrollar en su actividad práctica hospitalaria. En pandemia fue sencillamente desastroso, llegando al extremo de estudiantes de medicina que egresaron sin conocer siquiera un servicio de urgencia.
¿De qué les sirvió leer papers sobre COVID-19 cuando los hospitales estaban llenos de pacientes con dicha enfermedad y no se les permitió aprender de ello? Alguien podría decir que fue por ley, o porque necesitamos protegerlos, o por eventuales demandas si les ocurre algo, pero se nos olvida que todos los estudiantes estaban vacunados y disponían de todos sus elementos de protección personal. En algunas partes del mundo los estudiantes, especialmente de los últimos años de estudio, tuvieron una activa participación en el cuidado de pacientes con COVID. Esta fue una oportunidad única para estas generaciones de médicos jóvenes, sin embargo el día de mañana nuestros egresados se enfrentarán a ello sin haber visto o aprendido el manejo de un paciente con estas características y complejidad.
No cabe duda de que la formación de los médicos en los últimos años se ha deteriorado y no son ellos los responsables, los responsables somos todos, son aquellos que escriben reglamentos y toman decisiones sin evaluar el impacto que ello implica, son aquellos que aplican justamente estos reglamentos en forma inflexible, reglamentos que por lo demás y solo a modo de información han sido sometidos a múltiples cuestionamientos durante estos últimos años sin tener algo concreto aún, los responsables son aquellos que insisten en que cada estudiante debe estar acompañado de su docente universitario, lo cual es totalmente inviable, ignorando que una carrera de medicina tiene en promedio 800 estudiantes y muchos de ellos deben salir a zonas rurales o a diferentes lugares de la ciudad en busca de actividad práctica, e ignorando además que todos los médicos pertenezcan o no a una Universidad tenemos el deber de ayudar a formar a las futuras generaciones.
Los que tuvimos la oportunidad de formarnos en otra época no vivimos esta situación tan frustrante para los estudiantes de hoy, nunca en toda mi carrera y después de mis varias décadas como médico escuche a algún paciente oponerse a la presencia de estudiantes en un box o a negarse a que alguno de ellos auscultase su corazón o pulmón, todo lo contrario, les daban consejos a los estudiantes para que fuesen buenos profesionales. Por ello hago un llamado e invito a las autoridades y a todos aquellos que de una u otra forma tienen alguna responsabilidad en la formación de nuestros estudiantes del área de la salud a reflexionar sobre lo planteado en esta nota y a buscar soluciones que vayan en beneficio de una formación más sólida de nuestros estudiantes, con una práctica real mínima que les permita desarrollarse como profesionales idóneos en su lugar de trabajo lo cual en definitiva entre otras cosas posibilitará tener una atención primaria más resolutiva con nuestros pacientes.

